A las 12 horas el miércoles, 10 de diciembre, Día de los Derecho Humanos, AUPA (Asamblea Universitaria por Palestina de Alicante) ha convocado un acto en apoyo al pueblo palestino y para denunciar la firma de un alto el fuego que en realidad mantiene el genocidio. Desde el “alto el fuego” Israel no ha dejado de ocupar, torturar, matar…
Asamblea Universitaria por Palestina de Alicante

“Nuestros colegas en Gaza describen lo que ven cada día: niños
durmiendo al aire libre, niños con amputaciones, niños huérfanos
y temblando de miedo mientras viven en refugios
improvisados inundados, privados de su dignidad…”
(Ricardo Pires, Responsable de Comunicación de UNICEF)
Los “amigos de Israel”, los que la apoyan sin protestar y los que de vez en cuando le afean “firmemente” sus “excesos”, pretenden que tras el acuerdo de alto el fuego acordado el 10 de octubre de 2025 se ha emprendido mal que bien el camino hacia la paz, que -dicen- hay que apoyar, recordando lo menos posible los crímenes cometidos por Israel hasta esa fecha, a pesar de que el número de cadáveres no deja de aumentar, recuperados de los escombros o devueltos por Israel.
No obstante, la realidad es que, desde el 10 de octubre, Israel ha seguido violando el alto el fuego, bombardeando, asesinando extrajudicialmente a quemarropa, disparando a niños con drones, desplazando, ocupando territorios… Y no sólo en Gaza y Cisjordania, también en Líbano y Siria, a pesar de que no ha habido prácticamente acciones armadas contra ella.
Esta actitud encaja con la política desde hace décadas de un estado que no sólo usa criminalmente su ejército, sino que legitima las agresiones particulares de sus colonos, punta de lanza de su política colonial.
Gaza hoy, mejorar para seguir en el infierno
Desde el 11 de octubre hasta el 26 de noviembre de 2025, Israel ha violado el alto el fuego en Gaza en más de 400 ocasiones, según la ONU, matando a más de 347 gazatíes, 70 de ellos niños, e hiriendo a 889. También incumple el acuerdo al seguir ocupando un porcentaje de la Franja mayor (más del 60%) que el acordado para la primera fase, y al continuar bombardeando y dinamitando día tras día edificios y estructuras de todo tipo. Finalmente, ha denegado o imposibilitado casi la mitad de las peticiones de acceso humanitario a las organizaciones coordinadas con la ONU, y en torno a un 25% de las peticiones de acceso de suministros, mientras priva a los gazatíes de la gran mayoría de sus tierras agrícolas e impide pescar en el mar a sus pescadores.
Así, los gazatíes sobreviven diezmados (su número se ha reducido de 2,3 a 2,1 millones), desplazados (1 millón de los 2,1) y hacinados (se estima una densidad de población real de 62.000 habitantes/km2), la mayor parte en tiendas de campaña o similares, y ahora no sólo con el frío del invierno, sino inundados literalmente por las fuertes lluvias de noviembre. Las enfermedades respiratorias y la diarrea se extienden, mientras, por poner sólo unos ejemplos, faltan el 74% de los medicamentos necesarios para los enfermos de cáncer y enfermedades de la sangre, e Israel no permite la entrada de equipos de tratamiento y purificación de agua, ni de grandes generadores de electricidad.
Cisjordania hoy, de mal en peor
El supuesto “alto el fuego” en Gaza tampoco ha llevado a una mejora de las condiciones de vida en Cisjordania, sino todo lo contrario. Desde principios de octubre hasta el 22 de noviembre, 33 palestinos, 11 de ellos niños, murieron a manos del ejército israelí y de los colonos, elevando las cifras de 2025 a 226 muertos, 49 de ellos niños, un 22%. Por otro lado, el 27 de noviembre han sido grabadas en vídeo nuevas ejecuciones de palestinos desarmados y con las manos en alto.
Los colonos israelíes, protegidos por el ejército, en lo que sin duda es una política de estado (colonial) desde hace décadas, han multiplicado sus agresiones contra los palestinos. Octubre de 2025 ha sido el mes con más ataques desde que la OCHA comenzó a documentarlos en 2006, y en el año ya se han superado largamente los 1.449 ataques cometidos en 2024, y se han producido más del doble de heridos (más de 1.000) que entonces, junto a 9 muertos. Todos los ataques de colonos, incluyendo aquellos grabados en vídeo, y aquellos en los que se ha grabado un asesinato (varios en 2025), han quedado impunes hasta ahora.
No cabe duda de que la acción combinada del ejército y los colonos, que por diferentes medios destruyen también las viviendas y medios de vida de los palestinos, persiguen la limpieza étnica del territorio para su colonización, y ya han logrado desplazar a 40.000 cisjordanos desde el 1 de enero de 2024.
Líbano y Siria, agredidos sin cesar
Las intervenciones israelíes en Líbano y Siria, algunas muy recientes, confirman que Israel no busca la paz, sino la guerra, como un medio para ocupar más territorios. En Líbano, además de no retirarse del sur, según exigía el acuerdo de alto el fuego, ha violado este 7.500 veces por aire y 2.500 por tierra en tan sólo un año, según ha indicado la UNIFIL, la fuerza de pacificación de la ONU en el país, el 19 de noviembre. Los ataques han matado al menos a 127 personas, y los 11 niños entre el total de 13 asesinados del 18 de noviembre dan una idea de la naturaleza de sus objetivos.
En Siria, además de ocupar desde hace menos de un año 400 km2 más de los que ya ocupaba desde 1967, ha bombardeado todo aquello que le ha placido, y ahora Netanyahu y sus ministros se pasean por el nuevo territorio ocupado, y su ejército hace incursiones “rutinarias” en los alrededores de Damasco, bombardeando a quien se enfrenta a él (10 muertos, 2 niños, el 28 de noviembre).
Violaciones sin cese de la legalidad internacional, en una ONU bajo la impronta colonial
Mientras las demandas contra Israel y sus dirigentes por genocidio y crímenes de guerra y contra la humanidad siguen su curso en la Corte Internacional de Justicia y el Tribunal Penal Internacional, Israel sigue asesinando, torturando, desplazando. Amnistía Internacional no ha dudado en afirmar que el genocidio en Gaza continúa. Junto a ella, 14 organizaciones más, entre ellas Médicos del Mundo, Médicos sin Fronteras e Intermón Oxfam han denunciado el pasado 27 de noviembre que la situación sigue siendo “catastrófica”, y han exigido que se levanten todas las restricciones israelíes y se investiguen todas sus violaciones de los derechos humanos.
Hay que recordar que la ocupación de los territorios palestinos fue considerada ilegal por el Tribunal Internacional de Justicia en julio de 2024, lo que obliga a todos los estados a contribuir a que se le ponga fin, y que poco después, en septiembre, la Asamblea General de las ONU exigió la retirada israelí de dichos territorios en el plazo de un año, exigencia que obviamente no se ha cumplido, y que tampoco han hecho mucho por que se cumpliera la gran mayoría de los estados más influyentes, entre ellos los europeos, y entre ellos España, salvando las distancias entre ellos.
En lugar de defender la legalidad internacional, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó en noviembre de 2025 el Plan de EEUU para Gaza, llamado “plan de paz”, que devuelve a dicho órgano a la peor época colonial, al pretender poner la suerte y el destino de los palestinos en manos de la potencia hegemónica, en lugar de las suyas propias.
El consentimiento de la UE, la colaboración y el silencio de muchas universidades
En Europa, nuestros gobiernos se llenan la boca hablando de democracia, derechos humanos y estado de derecho. No obstante, como ha señalado Didier Fassin recientemente en una entrevista:
¿Qué crédito se puede otorgar a defensores de los derechos humanos que permiten perpetrar masacres que la Corte Internacional de Justicia considera como un posible genocidio, que incluso aportan masivamente su apoyo diplomático y militar al aplastamiento de un pueblo? El doble rasero, que caracteriza desde hace mucho tiempo las políticas occidentales en materia de derechos humanos, es hoy visible para el mundo entero.
De la misma manera, nuestras universidades, en sus estatutos y en sus declaraciones, pretenden ser abanderados de esos principios, de la paz y la justicia, y faros intelectuales para la sociedad. Así, el 9 de mayo de 2024, la CRUE (Conferencia de Rectores de Universidades de España) respondió al sentir mayoritario de la población y a la presión de la comunidad universitaria, afirmando el compromiso de las universidades de “revisar y, en su caso, suspender los acuerdos de colaboración con universidades y centros de investigación israelíes que no hayan expresado un firme compromiso con la paz y el cumplimiento del derecho internacional humanitario”.
No obstante, la mayor parte de los equipos de gobierno de las universidades se han desentendido de adoptar o renovar -frente a la persistencia de los crímenes de Israel- un compromiso explícito, firme y real con la restauración de la legalidad internacional y el establecimiento de una paz justa, desoyendo en particular el llamamiento de los rectores de las universidades gazatíes, destruidas durante el escolasticidio, a detener toda colaboración con el genocidio. La mayoría ha continuado sus vínculos de investigación con Israel, e incluso aceptado o promovido nuevos, en el marco del programa Horizon u otros programas de financiación europea.
¿Cómo es posible hablar a las y los estudiantes de “los Objetivos de Desarrollo Sostenible”, “la cultura de la paz”, “los derechos humanos”, etc., mientras se colabora, con el argumento de la neutralidad científica, con un estado que mata a niños con francotiradores o drones, ejecuta o viola a los prisioneros, asalta con perros a los discapacitados, ataca a mujeres embarazadas y lactantes, somete a hambruna a millones de personas, destruye el territorio, roba el agua, contamina el mar?
La Universidad de Alicante
AUPA -la Asamblea Universitaria por Palestina de Alicante-, considera urgente volver a solicitar al rectorado de la Universidad de Alicante un posicionamiento público a favor del derecho internacional y, de acuerdo con el espíritu y las indicaciones del Tribunal Internacional de Justicia, un compromiso de hacer todo lo que esté en su mano para poner fin a la situación ilegal de la ocupación de Palestina y los crímenes que continuamente se cometen bajo ese régimen. En nuestra opinión es fundamental que el respaldo de la UA a las resoluciones de los tribunales y los acuerdos internacionales respecto a los derechos palestinos se manifieste de manera pública, a través de sus canales oficiales, para asegurar que sea conocido.
También, como se le ha pedido en ocasiones anteriores, la Universidad debe manifestar su intención de no iniciar o participar en relaciones con universidades e instituciones israelíes -las cuales nunca han rechazado las violaciones del derecho internacional, internacional humanitario y de derechos humanos en Palestina- hasta que la legalidad sea restablecida. Igualmente, es urgente revisar las relaciones con empresas e instituciones y cesar, tal como obliga el Tribunal Internacional de Justicia en 2024, cualquier vínculo con aquellas que participen, directa o indirectamente, en la ocupación de Palestina o la financiación y el comercio de armamento con Israel. Estas acciones de la UA no evitarán por sí solas las constantes violaciones del derecho por el gobierno y el ejército israelíes; no obstante, ante la colaboración y el consentimiento cómplices de tantos gobiernos, sin acciones de este tipo, que también suponen una orientación y referencia desde la universidad para el resto de la sociedad, nada las detendrá.

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