En Argentina, la clase trabajadora enfrenta desde hace varios días la decisión del Senado de aprobar el proyecto de reforma laboral presentado por el presidente de la nación, Javier Milei.
Secretariado Permanente del Comité Confederal de la CGT
Con 42 votos a favor (esta cámara tiene 72 senadores, 3 por cada provincia), la reforma va a suponer un retroceso en derechos laborales y conquistas sociales fundamentales. De hecho, la votación del pasado jueves 12 de febrero se produjo con numerosas manifestaciones en la calle que fueron reprimidas duramente por las fuerzas de seguridad del Estado argentino.
De entrar en vigor, la ley otorgará un poder casi total al empresariado: jornadas laborales de hasta 12 horas con la creación de un “banco de horas” a disposición de la empresa, sustitución de cotizaciones a la Seguridad Social por un “fondo de asistencia laboral”, lo que facilitará el despido sin indemnización, y la posibilidad de que el empresario pueda abonar parte del salario “en especie”. La reforma también ataca a la organización de los trabajadores y las trabajadoras, limitando el derecho a huelga y la acción sindical. Los convenios colectivos tendrán menos fuerza que la negociación individual, los sindicatos no podrán convocar ni celebrar asambleas sin que haya autorización del empresario y las vacaciones podrán ser fraccionadas.
El presidente argentino ha defendido su reforma en nombre de la “flexibilización del mercado de trabajo, la reducción de los costes por contratación y la creación de empleo”. Sin embargo, sus medidas no solo van a beneficiar a los sectores más ricos de la sociedad argentina, sino que golpeará con dureza a la gran mayoría de la población, muy castigada a estas alturas por otras políticas neoliberales que el Ejecutivo de Milei ya ha puesto en marcha desde su llegada al poder.
Mientras tanto, el mundo y buena parte de la ciudadanía de Argentina, comienza a entender en qué consiste realmente la deriva “liberticida”, que no “libertaria” de Milei. Su política ha resultado ser la misma política reaccionaria y ultraliberal de toda la vida, enfocada a producir desigualdades y a eliminar conquistas sociales y derechos laborales. La única clase que saldrá beneficiada será la que vive del sufrimiento de miles de personas a las que se les condena desde su nacimiento a una vida precaria y mísera.
Las principales centrales sindicales de Argentina, muy burocratizadas, han rechazado la reforma de Milei, pero, pese a la convocatoria de huelga, continúan poniendo las esperanzas en la negociación con las instituciones estatales. No ocurre lo mismo con los sindicatos y las organizaciones sociales anarcosindicalistas y ácratas. Estas ya han anunciado que la única manera de revertir esta aberración en la sociedad argentina es la organización horizontal del pueblo y la acción directa. El tiempo y las circunstancias vuelven a dar la razón al movimiento libertario internacional: ninguna conquista, ningún derecho, es otorgado por bondad de quienes concentran el poder político y económico. Los avances, las libertades sociales, los derechos laborales y políticos fueron arrebatados por la fuerza. Esa fuerza de la que todavía parece no ser consciente la clase trabajadora.
Secretariado Permanente del Comité Confederal de la CGT
