Euskal Herria, 1976, llega el miércoles negro, era un 3 de marzo. El genocida dictador había muerto unos meses atrás, un 20N de 1975 y la policía franquista asesina a 5 trabajadores y causa más de 100 heridos de bala. Fue «la masacre de Vitoria-Gasteiz»
Memoria Libertaria CGT
Tiempos sin libertad, sin derecho a la Huelga y menos por las reivindicaciones sociolaborales. El movimiento obrero vasco, en la provincia de Álava, está en lucha y en huelga desde dos meses atrás y los Convenios Colectivos parados, en concreto el del Metal. La huelga de Forjas Alavesas comenzó un 9 de enero y se extiende a otras empresas. Una inflación galopante, precios de productos básicos por las nubes, junto a salarios bajos en unas condiciones de trabajo precarias, anuncian movilizaciones potentes. Ninguna reclamación se atiende y se convoca Huelga General.
Secundada mayoritariamente en muchas empresas, ese 3 de Marzo, a las 5 de la tarde, se convoca asamblea en la iglesia de San Francisco de Asís, en el barrio obrero de Zaramaga, por parte de las Comisiones Representativas, como se las denominaba aquellos días. Dentro de la iglesia hay casi 5000 personas, fuera más de 4000.
La policía llevaba toda la mañana atacando cualquier intento de reunión o manifestación, llega la tarde y llega el ataque de la policía franquista, que, con violencia, dispersa la concentración exterior y a la vez asalta el templo con pelotas de goma y gases lacrimógenos. Conforme sale la gente, comienza la barbarie fascista: golpes, tiros, detenciones indiscriminadas; resultado, la muerte por bala de cinco obreros y multitud de heridos graves. La misma policía, en las grabaciones que se conservan, “se felicitan de la masacre, de haber pegado más de mil tiros y de lo bien que se lo pasaron en la mayor paliza pegada en su historia…”
No se acusó a nadie de esta barbarie; el franquista Manuel Fraga, ministro de Gobernación entonces, se libró de cualquier responsabilidad. Todas las denuncias acaban archivadas, sobreseídas. Ninguna justicia para los muertos y heridos, era el mantra franquista del “atado y bien atado está todo”. Era aquella Transición sangrienta, de la dictadura a un régimen de supuesta democracia, preparando la monarquía del Borbón Juan Carlos, inmovilista y heredero del franquismo, con Carlos Arias como presidente del Gobierno. Aquel día de la masacre, Fraga está en Alemania, y se aprovecha del viaje para quitarse toda culpa, declarando “no era yo quien estaba al teléfono aquel día”. ¿Quién estaba entonces?: El ministro secretario del Movimiento era el encargado de asumir, en ausencia de Fraga, las urgencias del momento. Su nombre era Adolfo Suárez.
«Gasear la iglesia. Cambio»; esta es la orden recibida por la Policía Armada que rodeaba la iglesia. Las víctimas mortales son: Pedro María Martínez Oci, Forjas Alavesas, 27 años; Francisco Aznar Clemente, operario y estudiante, 17 años; Romualdo Barroso Chaparro, de Agrator,19 años; José Castillo, de Basa, Sociedad del Grupo Arregui, 32 años y Bienvenido Pereda, de Grupos Diferenciales, 30 años, muerto un mes después.
El sábado siguiente, los cómplices franquistas, Manuel Fraga Iribarne, con Rodolfo Martín Villa, ministro de Relaciones Sindicales y el General Campano, director de la Guardia Civil, intentaban, de forma burda e hipócrita lavar su conciencia represora ante la opinión pública, visitando personas heridas en el hospital, olvidando que pistolas, metralletas, junto a porras, maltrataron una vez más a la clase obrera, al pueblo trabajador. Ningún olvido ni perdón hemos de dar a los asesinos y ejecutores de esta tragedia.
Si en marzo de 1976 estaban vigentes las prohibiciones del derecho de reunión, manifestación y de huelga, ilegales los sindicatos, cierto es que la movilización era potente y continuada contra el franquismo. Una conciencia de clase en su máximo nivel imperaba y, en todo el Estado, crecían las protestas. Y junto a ellas, la represión policial. Se convocaron multitud de actos de protesta y solidaridad, con la muerte de dos personas más; en Tarragona, el joven Juan Gabriel Rodrigo Knafo, el 5 de marzo, trabajador de la refinería, que asistió a la manifestación bajo el lema «Vitòria germans, nosaltres no oblidem», huyendo de las cargas, fue impunemente asesinado.
En la localidad vizcaína de Basauri, Vicente Antón Ferrero, cayó asesinado por las balas de la Guardia Civil, el 8 de marzo de 1976, en otra manifestación de repulsa.
En Barcelona, en l’Escola Tècnica Superior d’Arquitectura, grupos de estudiantes con los delegados Carles Vinardell y Josep María Lucchetti al frente, pintan de pintura roja la fachada del edificio, que todavía hoy perdura como símbolo de protesta contra la represión del 3 de marzo y por la lucha por las libertades, y nos comentaban: “Mucha policía a caballo alrededor de la escuela; mientras les tirábamos bolas metálicas para que tropezaran, aunque llegaron a entrar. Subimos al séptimo piso y arrojamos la pintura a la fachada…”
No hemos de olvidar que el régimen dictatorial, nació de la violencia y matando, allá por julio de 1936 y acabó derramando sangre inocente. Durante 1974 y 1975, se continuó con la represión extrema, con Salvador Puig Antich, ejecutado a garrote vil en marzo de 1974 en Barcelona y las últimas ejecuciones del régimen, el 27 de septiembre de 1975. Estos hechos del 3 de marzo de 1976, inspiraron al cantaautor Lluís Llach, en la composición de su obra musical Campanades a morts, donde escuchamos:
“Assassins de raons, de vides, Que mai no tingueu repòs en cap dels vostres dies que en la mort us persegueixin les nostres memòries. Campanades a morts. Fan un crit per la guerra. Dels tres fills que han perdut. Les tres campanes negres.”
“Asesinos de razones, de vidas. Que nunca tengáis reposo en ninguno de vuestros días y que en la muerte os persiga nuestra memoria…”
Sean estas sencillas y sinceras palabras, un homenaje a todas las víctimas, a las familias obreras que tanta represión padecieron y a todas las luchadoras del pasado por nuestros derechos sociales y laborales. Nada podemos esperar del capital ni de sus aliados, solo la lucha colectiva, junto a la unidad de clase nos acercará y llevará a la transformación igualitaria.
Joan, Memoria Libertaria CGT
