Este viejo eslogan no se ha quedado obsoleto, ni por desgracia se quedará, a no ser que año tras año sigamos permitiendo que el monte se queme.
Secretariado Permanente del Comité Confederal de la CGT
Con esta frase no queremos decir que las bomberas y bomberos forestales no vayan a hacer su trabajo como siempre han hecho, es más la realidad es que ellxs cumplen; son los políticos, con su dejadez y su mirar hacia otro lado, los que nos fallan.
Desde la Confederación General del Trabajo (CGT), como sindicato mayoritario del sector, lideramos la defensa incansable de los derechos de las bomberas y bomberos forestales. Llevamos la voz de las compañeras y compañeros en la negociación ante la mayoría de las administraciones públicas, sin vendernos ante los partidos políticos y mantenemos viva la lucha a pie de calle con acciones contundentes. No vamos a permitir que se ignore la precariedad de un colectivo esencial en un verano dramático. Exigimos soluciones estructurales e inversiones reales frente a la inacción política, y vamos a alzar la voz ante el preocupante escenario al que nos enfrentamos.
Entre los fuegos que siguen activos destaca el de la Sierra Norte de Guadalajara, que desde el jueves ha arrasado 26.000 hectáreas, según informa Efe. También permanece activo, aunque estabilizado, el incendio de Cinco Villas en Zaragoza, con 15.600 hectáreas quemadas, o Los Gallardos (Almería), con unas 7.000 hectáreas y 13 fallecidos y así podríamos seguir hasta las 60.000 hectáreas quemada en todo el territorio español desde el 1 de enero al 12 de julio. Con una extrema derecha que niega el cambio climático, nos enfrentamos a una dejadez absoluta en nuestros montes. Está claro que los incendios se apagan durante todo el año, con más virulencia y número de ellos en verano, pero el monte se prepara en los meses de invierno para que cueste menos extinguirlos. La inversión en trabajos silvícolas tiene que ser una realidad: tenemos que conseguir que las diferentes administraciones (estatales, autonómicas y locales) vuelvan a creer en un monte saneado.
La limpieza de matorral con el ganado, la poda de árboles o el apeo de los mismos hacen que el monte esté en mejores condiciones. El mantenimiento de infraestructuras rurales, con caminos repasados por donde puedan meterse con sus camiones 4×4 sin peligro de volcar o quedarse atrapados, es fundamental; así, cuando lleguen los grandes incendios forestales de 6.ª generación, podrán afrontarlos con las medidas de seguridad mínimas para que su trabajo no signifique perder la vida.
En octubre se cumplirán dos años de la aprobación en el Senado del Estatuto Básico de los Bomberxs Forestales. El mismo día que la Comunidad Valenciana sufría la DANA, lo que iba a ser una fiesta para un colectivo que después de muchos años veía reconocido su trabajo de manera “básica” pero real, se convirtió en una tragedia donde las bomberas y bomberos forestales hicieron el trabajo que los políticos, otra vez con una pésima gestión, les dejaron hacer. Y es que cuando alguien habla de una bombera forestal, todo el mundo piensa en un incendio, pero las competencias van mucho más allá de los fuegos y el acondicionamiento de los bosques: su trabajo abarca todas las emergencias derivadas del medio natural. Riadas, aludes o personas perdidas en el monte son y tienen que ser intervenciones en las que la ciudadanía sepa que participan.
A día de hoy son invisibles. La mayoría de los telediarios no se refieren a ellxs como bomberas o bomberos forestales; hablan de retenes, brigadistas o bomberos a secas, y sobre todo de la UME, ese invento para hacer una limpieza de imagen del ejército y hacerlo ver como algo útil para la ciudadanía. La UME cuesta dinero a las administraciones territoriales: cuando es activada, empieza el cuenteo de miles de euros que supone para las comunidades y que sirve para aumentar de manera soslayada el gasto público en defensa.
Además, desgraciadamente, nos encontramos con que esta unidad militar tiene un gabinete de prensa que ya quisiera algún presidente autonómico. Mientras las comunidades no tienen pensado invertir en visibilizar el trabajo que realizan, los militares cuentan con soldados que graban todas sus actuaciones y pasan las imágenes a los telediarios, que se surten de ese material para rellenar sus informativos. Desgraciadamente, las bomberas y bomberos forestales que están en el frente de llama nunca tienen esos medios y su trabajo no se visibiliza, dejando a los militares como los únicos salvadores, no solo de la patria, sino de los pueblos afectados.
Las compañeras que están este año trabajando lo hacen en turnos de extinción de 12 horas, muchas veces teniendo menos de 10 horas para descansar y en albergues que no reúnen las condiciones mínimas para que dicho descanso sea posible, dado que en habitaciones grandes se juntan diferentes turnos de salida y entrada al incendio cuyos descansos se ven interrumpidos por la llegada y salida de los distintos medios que abandonan o tienen que ir de nuevo al incendio. Se trata de manera diferente a los efectivos y la comida, muchas veces, brilla por su ausencia. Los vecinos de los pueblos se vuelcan en ayudar dejando al voluntariado un trabajo que tendría que hacer un servicio de catering contratado que diera cobertura en un incendio donde se pueden juntar más de 500 efectivos trabajando las 24 horas del día durante más de una semana.
Para finalizar, las muertes y accidentes que nos ha dejado este verano demuestran que los protocolos muchas veces están obsoletos; que los programas preventivos brillan por su ausencia; que la gente que vive en medio del monte de manera idílica no sabe qué tiene que hacer en un incendio ni a dónde tiene que llamar; o que, como se ha dado en varios incendios, no haya ni una sola ambulancia preparada para evacuar a los compañeros que han sufrido un golpe de calor, fracturas o accidentes de circulación.
Este verano están sobrepasados de horas de trabajo y de incendios. La realidad es que se enfrentan a veranos con más olas de calor y durante más días. Pedimos dignidad, formación, salarios dignos y una inversión acorde a la emergencia climática, porque incendios seguirá habiendo, pero tenemos que estar mejor preparados para que las muertes sean solo un recuerdo de lo que no tiene que volver a pasar.
Secretariado Permanente del Comité Confederal de la CGT
