El próximo sábado 19 a las 19:00h, partiendo desde la Plaça Palmeretes, tendrá lugar la manifestación «Alacant al límit, menys negocis, mes vida» ( Alicante al límite, menos negocios, más vida).
Alicante Dónde Vas, Sindicat de Vivenda de Carolines y Sindicat de Vivenda de la Zona Nord
Tras otro verano inaguantable en nuestra ciudad, resulta muy complicado escoger algo sobre lo que protestar. No porque falten los motivos, sino porque hay tantos, que elegir por dónde empezar es una tarea extremadamente compleja.
Pero sabiendo que el gobierno municipal no solo va a ignorar a los movimientos sociales de la ciudad, sino que va a hacer todo lo posible por acallar a aquellos espacios críticos con su gestión y alinearse con los capitales turísticos. Es por eso por lo que estamos aquí, para resistir sus desaires y no caer en el cansancio y la desesperanza.

El actual modelo de ciudad, impuesto por la corporación local encabezada por el alcalde Luis Barcala, nos señala a las alicantinas y a los alicantinos como elementos reemplazables en un territorio al servicio de la industria turística. Por este motivo, no importa cuando somos expulsados del lugar dónde vivimos por la falta de vivienda digna y accesible; no importa cuando el patrimonio arquitectónico y cultural se elimina si no se consigue poner al servicio del monocultivo turístico; no importa cuando los barrios pierden los servicios destinados a sus habitantes en favor de negocios turísticos; no importa cuando las vecinas y los vecinos no cuentan con refugios climáticos en sus barrios; no importa cuando la convivencia se torna insoportable para la ciudadanía que construye su vida en nuestro municipio… En definitiva, no importamos nosotras. No debemos olvidar que esta ciudad pertenece a quien la habita, no podemos dejarla caer en manos de especuladores y privatizaciones.
Apenas han pasado nueve meses desde que la ciudadanía se enteró cómo desde dentro del Ayuntamiento de Alicante se repartieron la primera promoción de vivienda pública en 20 años. En este tiempo el ruido que provocó el escándalo de Les Naus se ha ido apaciguando. Lo que no hizo tanto ruido fueron los 741 desahucios ejecutados en el País Valencià entre enero y marzo de este año. Más de 8 familias al día han perdido su hogar, muchas de ellas en nuestra ciudad. Delante de nuestros ojos nos están dejando en la calle, expulsando de nuestras casas y arrancándonos nuestro futuro.
Mientras esto sucede, desde el Ayuntamiento de Alicante se propone una normativa de viviendas de uso turístico que aumentará exponencialmente la presión sobre nuestros barrios, con especial crudeza en los de familias trabajadoras. Al tiempo que nuestros gobernantes se sitúan claramente en el bando de los usureros rentistas, las alicantinas y los alicantinos nos vemos empujados a un mercado de alquiler que de media ya supera los 1.000 € mensuales.
Precio inasumible por la mayor parte de los trabajadores de nuestra ciudad que, a pesar de vivir en medio del mal llamado milagro económico provocado por la industria turística, soportan una situación económica precaria. Esta gallina de los huevos de oro que nos quieren hacer creer que es la industria turística provoca que 12 de cada 100 personas en nuestra provincia estén en situación de desempleo o que 6 de cada 10 trabajen en el sector servicios donde el salario medio en nuestra provincia no llega a los 20.000 euros anuales. Un sector que ofrece pocas oportunidades de acceso a la vivienda debido a empleos inestables, creando un espacio aprovechado por rentistas y sistema inmobiliario para dejarnos fuera. En nuestro territorio 1 de cada 3 personas está en riesgo de pobreza.
El malestar se extiende a cada ámbito de nuestra vida, poniendo en riesgo nuestra salud y desarmando nuestras comunidades. Ante esto nos preguntamos ¿dónde están los huevos de oro que pone la gallina turística?
Sabemos que no están en los servicios a sus habitantes. En la provincia de Alicante durante 2024 cerraron 3 comercios al día. Nuestra ciudad está sufriendo un proceso silencioso en el que vemos que la panadería de la esquina se convierte en pocos días en apartamentos turísticos o como los comercios tradicionales del centro dan paso a franquicias que adaptan nuestras calles al gusto de los más de 325.000 cruceristas o los más de un millón de turistas extranjeros que llegarán a nuestra ciudad a lo largo de 2026. El turismo trae puestos de trabajo cada vez más precarios, la explotación aumenta sobre los trabajadores y las trabajadoras hasta límites nunca vistos. Debemos pensar cuál es el modelo de ciudad que queremos, nosotros proponemos una Alicante que permita ser habitada con dignidad por todas las personas que quieran construir su vida aquí.
Sabemos que no están en la conservación del patrimonio urbano. Edificios como el cine Ideal celebró en 2025 su primer siglo de vida en un estado de abandono y deterioro del que solo es culpable el Ayuntamiento al permitir que primen los intereses comerciales de un grupo hotelero por encima de los intereses de conservación del patrimonio alicantino. Nuestros bienes de interés cultural se encuentran sometidos a los vaivenes de la industria turística que ha puesto a sus pies a nuestras instituciones como muestra el aval del TSJCV a las mascletás en Luceros o el derribo de uno de los últimos edificios construidos a principios de s.XX en Doctor Gadea 5 para la construcción de 140 apartamentos de “flex living”. Al pasear por las calles, estas se parecen a un parque temático o a un decorado, la ciudad está desapareciendo bajo letreros de apartamentos turísticos y espacios explotados.
Sabemos que no están en la promoción de la cultura. Los más de nueve millones de euros invertidos en la rehabilitación de Antigua Fábrica de Tabacos se han traducido en un Museo Internacional de Exposiciones Temporales entregado a dedo a una empresa que cobrará casi 4 millones de euros de dinero público y cuyas exposiciones han sido calificadas por los técnicos del Ayuntamiento de esta ciudad como enfocadas en el “atractivo turístico”. Mientras esto sucede las expresiones de cultura popular de nuestra ciudad son penalizadas. Tras más de 20 años, en 2026 no se celebrará Alacant Desperta por el riesgo que supone para la población la presencia de “personas desinhibidas”. Mientras las comisiones de Hogueras son regadas con más de 800.000 euros de dinero público, las hogueras combativas y populares encuentran cada año nuevos impedimentos para ofrecer una alternativa comunitaria y no mercantilizada. Las alternativas ciudadanas son acalladas y menguadas, con acciones descaradas para su cancelación o prohibición, ya no tienen ni vergüenza ni interés en disimular su burla hacia la participación abierta de los colectivos.
Sabemos que no están en el cuidado de nuestras playas y de nuestra bahía. Decenas de vertidos de aguas negras se producen regularmente y generan una situación insostenible en nuestras costas. Esas mismas que se supone que fueron declaradas zona de especial conservación y que vendemos a los turistas como parajes idílicos en los que venir a pasar sus vacaciones. Esas mismas que sufren la sobreexplotación turística que provoca que nuestros recursos se vean esquilmados. Sin capacidad para gestionar los residuos, la demanda hídrica o energética, ¿hasta cuándo le pediremos a nuestra terreta que soporte los desmanes de una industria que absorbe los recursos y socializa las consecuencias? Los recursos se están agotando, cada vez con más rapidez, y no habrá manera de repararlo, solo una frenada en seco del proceso de turistificación podrá ayudar a nuestro territorio a recuperarse.
Renunciamos a desarrollarnos libremente para convertirnos en un parque temático abierto los 365 días del año, siempre que el cambio climático lo permita. Sin embargo, es el momento de recordar que somos los ciudadanos los que hemos construido y construimos a diario este territorio. Hemos llegado al momento en el que no hablamos de derechos, hablamos de supervivencia. De nuestras condiciones de vida: nuestros barrios, nuestra lengua, nuestras costumbres, nuestro patrimonio, nuestras comunidades, nuestro medioambiente… Alicante desaparecerá para convertirse en un resort indistinguible de cualquier otro destino turístico.
El sentimiento de pérdida se extiende a nuestra vida diaria en la ciudad, sucia como nunca y con problemas de salubridad –especialmente en los barrios en los que reside la clase trabajadora, donde directamente se olvidan del mantenimiento durante semanas–. Sensación que se ve reforzada por la saturación de turistas que deja un rastro de basura allí por dónde pasan, ante la falta de servicios de recogida y limpieza. A esto se suma, un transporte urbano que es cada día más insuficiente: se eliminan frecuencias y aumentan los retrasos; planteando muchísimos problemas para familias, personas dependientes o con movilidad reducida que encuentran dificultades para hacer uso de otros servicios públicos como, simplemente, acudir a una cita médica. Están secuestrando los servicios públicos y transformando los espacios compartidos en zonas desoladas, aprovechando cada oportunidad de crear paisajes de hormigón al tiempo que arrancan nuestros árboles y eliminan los espacios de convivencia. Diseñando con el propósito de que nadie se detenga a convivir.
Esta no es una reclamación por la pureza de nuestra ciudad. Alicante ha sido y sigue siendo tierra de recepción de migrantes de todo origen que han dado forma a nuestro tejido social. Esta ciudad es de quien la construye y la vive. No somos un decorado con actores manejables al antojo del modelo económico, ni vivimos para ser rentables. Nuestra reclamación apunta directamente al modelo turístico que impone la explotación de nuestra ciudadanía y de nuestro territorio para el beneficio de unos pocos. Es momento de exigir un cambio de modelo que permita a las alicantinas y los alicantinos recuperar nuestra ciudad, nuestros espacios de convivencia. Enfrentarnos al modelo que mantiene a miles en la pobreza a costa de enriquecer a los de siempre. Es momento de reconquistar Alicante para quien la habita, de modo que siga siendo la millor terreta del món en la que los visitantes sean bienvenidos, pero no dueños de nuestro futuro. Alacant està al limit. Menys negoci, més vida!
